puente de zubi zuri

Los derechos intelectuales de los arquitectos

Fotografía: Puente  Zubi Zuri, en Bilbao, autoría del Arquitecto Santiago Calatrava (1) 

Poca es la información que se brinda en general a los arquitectos en relación a sus derechos intelectuales. Es frecuente que los profesionales ignoren que la obra que nace como producto de su actividad intelectual, es decir, los edificios, los proyectos, diseños, croquis, planos, maquetas elaboradas para edificaciones, etc., goza de protección jurídica a través del instituto de derecho de autor consagrado por la ley 11723.

Derecho de autor es el conjunto de facultades de que goza el autor de una obra literaria, artística o científica que tenga originalidad e individualidad suficiente y que se encuentre dentro del ámbito de protección dispensada.

La obra arquitectónica, en cuanto tenga originalidad, es decir, lleve el sello personal del autor y se exteriorice, es una obra protegida. La originalidad puede radicar tanto en la forma de construcción como en el diseño o en los ornamentos. La protección no depende del valor estético o mérito de la obra, ni de su destino ni de su forma de expresión, la ley no repara en consideraciones que puedan ser objeto de diversas apreciaciones según los gustos o convicciones de la gente, y protege a todas las obras por igual.

Lo que queda fuera del ámbito de protección son los métodos arquitectónicos  y los procedimientos puramente técnicos, aquella actividad mecánica que no requiere un esfuerzo creativo ni una actividad intelectual del autor que merezca la tutela de la que hoy nos ocupamos.

Dentro de la esfera de protección del derecho de autor la legislación distingue dos aspectos de la tutela: la protección económica de la obra (derechos patrimoniales) y la protección de la personalidad del autor, en este caso el arquitecto, en relación a la obra (derecho moral).

El derecho moral de autor es un derecho no estimable en dinero, un derecho inembargable, irrenunciable, imprescriptible (no se pierde con el transcurso del tiempo) y que no se transmite ni siquiera cuando el autor cede sus derechos patrimoniales a terceras personas. Comprende las siguientes facultades:

–          Derecho de divulgación, que es la facultad del arquitecto de decidir si dará a conocer o no su obra y en su caso, de qué forma.

–         Derecho de paternidad, comprende el derecho a que su nombre figure en la fachada del edificio y en las obras relativas a éste, en la forma que él decida. (Continúa en página 3)

También comprende el derecho a defender su nombre o seudónimo cuando ha sido usurpado haciéndolo figurar en obras que no le pertenecen, como asimismo el derecho de impugnar titularidades que se adjudiquen terceras personas sobre obras que sí le pertenecen.

–          Derecho al respeto a la integridad de la obra: puede prohibir toda deformación, mutilación, modificación o atentado a la obra que resulte perjudicial a su honor o reputación. Este derecho, sin embargo, deberá equilibrarse con el de los propietarios de los edificios a realizar modificaciones de orden práctico o técnico necesarias para su utilización, en cuyo caso deberá evaluarse  según las circunstancias particulares si hay lesiones al arquitecto que merezcan indemnizaciones económicas o por lo menos el derecho a desvincular su nombre de la obra.

En cuanto a los derechos patrimoniales de los arquitectos, estos son transmisibles, limitados en su duración (en nuestro país duran la vida del autor y setenta años después de su muerte), embargables y de contenido económico. Comprende la facultad del arquitecto de autorizar o prohibir la reproducción de la obra en cualquier forma y por cualquier medio. Es importante definir las diferentes conductas que comprende el término “reproducción” en relación a cada tipo de obra para delimitar las facultades específicas de los autores en cada caso concreto. Con respecto a los planos y maquetas se refiere tanto a la confección de copias de los mismos como a su utilización para la construcción de edificios. Cuando el profesional vende planos, dicha venta no da derecho a quien lo adquiere sino para la ejecución de la obra tenida en vista, pero el adquirente no puede enajenarlos, reproducirlos o servirse de ellos para otras obras si esto no está expresamente autorizado por el arquitecto que confeccionó dichos planos. Respecto a las edificaciones, el derecho de autorizar o prohibir la reproducción comprende tanto la construcción de otra obra que se le asemeje en alguno o en todos sus elementos a las originales, como la preparación de planos o maquetas en base a ellas.

Todas estas conductas realizadas sin la debida autorización del autor configuran violaciones a sus derechos, habilitando al profesional a solicitar el cese de uso y la debida reparación de los daños causados.

Finalmente conviene destacar que el arquitecto es titular del derecho de autor desde el momento mismo de la creación de la obra, sin depender de ningún reconocimiento estatal o registro alguno. Sin embargo,  el ejercicio de los derechos dependerá de la inscripción de las  obras en el Registro de Derecho de  Autor, que asimismo constituirá una prueba fehaciente de titularidad, prueba que obligará a quien pretenda desconocerla a probarlo. Es por ello aconsejable registrar sus obras, ya que el trámite es sencillo, el costo no es alto y los beneficios pueden ser muy superiores.

El Colegio de Arquitectos en Santa Fe dentro de las facultades reconocidas por la ley 10653 protege la propiedad intelectual admitiendo en sede administrativa el ingreso del proyecto al solo efecto de resguardar la autoría y proteger al profesional frente a eventuales copias que puedan eventualmente producirse. Sin embargo, solo otorga fecha cierta y certifica los planos sin perjuicio de las pruebas que puedan dirimirse ante un hipotético conflicto.

(1) La obra fotografiada dio origen a uno de los pleitos más importantes en materia de Derecho de Autor de la obra arquitectónica. Santiago Calatrava c. Ayuntamiento de Bilbao y otros. Sentencia del Juzgado Mercantil núm. 1 de Bilbao, España, de 23 de noviembre de 2007. Puede verse un interesante artículo de autoría de Ramón Casas Vallès.

 Rosario, 01 de Julio de 2015

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