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La protección de la obra televisiva y otras cuestiones de Derecho de Autor

Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil Sala “E” “bga-c-television-federal-s-danos-y-perjuicios” Expte.56.917/2010

El fallo que comentamos hoy hace un lindo repaso por los temas centrales del derecho de autor.  A su vez, se destaca por abordar la protección de la obra televisiva, que no posee una regulación específica en nuestro ordenamiento.

El conflicto planteado puede sintetizarse del siguiente modo:

  • Los autores de la obra “Crecer con papá” cedieron al productor Enrique E los derechos de exhibición televisiva y/o representación teatral, adaptación de los textos y modificación del título, previa conformidad de ellos, como así también para su comercialización tanto en el país como en el exterior.
  • El productor, como titular de la obra derivada “GRANDE PA” contrató su emisión con un canal de TV.
  • El canal de TV contrató a los autores para la redacción de los diálogos de la obra derivada, bajo su dirección y la del productor televisivo, quienes aportaban ideas y supervisaban.
  • Los autores cedieron al canal sus derechos intelectuales sobre los diálogos escritos, lo que le permitía comercializarlos por un espacio de tiempo determinado a los fines de adaptarlos, transformarlos, traducirlos, etc.
  • 10 años más tarde, el canal cedió los derechos sobre la obra televisiva a dos empresas extranjeras, a fin de producir una versión ecuatoriana y una colombiana del formato original, cuya titularidad se adjudicaba al productor.
  • Uno de los autores de los libretos reclama que la cesión a las empresas extranjeras se hizo sin su autorización.

La protección de la obra televisiva

La adaptación televisiva de una obra es una obra protegible por el derecho de autor.

Siendo que parte de una obra preexistente, se trata de una obra derivada, que requiere de autorización del autor de la obra originaria y originalidad en la composición o expresión.

El fallo, además de reconocer el carácter de obra protegible, destaca que en los presentes se cuenta con la autorización del autor de la obra originaria y que la originalidad radica en que “se trata de un producto cultural que utiliza recursos artísticos, adaptado a la particular función comunicativa, que importa un programa de televisión, que supo transmitir su impronta”

Labor creativa vs. Labor técnica

El reclamo del actor versa sobre un aporte a la obra derivada: los guiones.

Una de las discusiones en torno a la existencia o no de derechos en cabeza de los guionistas generó la necesidad de diferenciar el mero trabajo técnico del verdadero aporte creativo que les permitiera invocar la calidad de coautores.

Dijo el fallo, destacando la importancia del aporte de los guionistas, que “si bien estos tres dialoguistas, estaban sujetos a instrucciones y supervisión tanto de parte del canal televisivo, a través de Y., como de E., titular por derivación de la obra inicialmente escrita por C. y Elio E.B., ellos pusieron su impronta personal y supieron interpretar la idea que se les pretendió transmitir al confeccionar el libreto que interpretarían los artistas”.

También se tuvo particularmente la declaración ante Argentores en la que, con autorización de los autores de la obra original y con la conformidad del productor, los guionistas se adjudicaron en partes iguales los derechos de televisión.

Por último, se consideró que la importancia de la labor desarrollada se reflejaba también en el lugar que ocupaban los libretistas en las publicidades del programa y en diversas notas periodísticas.

Por tanto, no quedaron dudas que la labor de los guionistas superó la mera ejecución técnica de instrucciones y que constituyó un desarrollo intelectual que contó con la impronta personal de sus autores y por ende, protegible.

 Particularidades de la obra televisiva

Los guiones son sólo uno de los tantos aportes que conforman la obra televisiva, como obra en colaboración.

Destaca el fallo que, las particularidades de este tipo de obras hace que la mismo no puede asimilarse a la obra cinematográfica, que es la obra en colaboración que cuenta con un régimen especial de titularidad previsto en la ley 11.723 [1]

Al respecto manifiestan: “En el mundo de la televisión, a diferencia de lo que sucede en el cine, los creadores de los libros televisivos suelen ser varios, agrupados muchas veces en equipos autorales integrados por argumentistas, dialoguistas y coordinadores y, por lo general, trabajan sobre temática e historias predispuestas por el canal, estudio o productora contratante. Su integración puede cambiar a lo largo de un programa y hasta se han dado casos en que todo un equipo es reemplazado por otro. En el universo televisivo es usual que la contratación de los guionistas se haga bajo la forma de obra por encargo, en algunos casos como locación de servicios. Son usuales las modificaciones de los libros. Y cuando se trata de una tira diaria, la repercusión en el público televidente y el rating van imponiendo muchas veces cambios en personajes, historias, etcétera, lo que obliga a la reescritura de los libros”.

En consecuencia, siendo que la intervención de una diversa cantidad de autores es ineludible, resulta sumamente importante dejar aclarado de antemano cómo se adjudicarán la titularidad de los derechos, para evitar conflictos futuros y para permitir una normal explotación del producto final.

Citando a Memelsdorff, resalta el acuerdo que “es conveniente dejar aclarado en el contrato quien es el titular de los derechos de propiedad intelectual sobre el programa a producirse. Si nada se dijera, a su juicio el canal o productora contratantes deberían ser considerados titulares de tales derechos. En lo que hace al formato, entendido como el documento que une, ordena y articula los diversos componentes que integran un programa de televisión, lleva a la cuestión si la explotación del formato está incluida en la contratación de los libretistas. En ausencia de disposición, a juicio del autor, la cuestión dependerá de la naturaleza del aporte creativo del guionista contratado. Si es un dialoguista, que solo aporta una parte o todos los diálogos de una historia y argumentos creados por otros, a su juicio no tiene derechos sobre argumento y responsable final del libro, podría entenderse que tiene algún derecho sobre el formato y que sin su consentimiento el mismo no puede ser negociado”[2]

 

Plazo razonable cesión de derechos

Otro tema interesante abordado por el fallo fue la extensión temporal de la transmisión de derechos.

Las partes reconocieron que habían celebrado un contrato por el cual se acordó la cesión de derechos intelectuales sobre los libros escritos, lo que le permitía al canal

comercializarlos por un espacio de tiempo determinado a los fines de adaptarlos, transformarlos, traducirlos, etc.

Lo que no pudo probarse fue el plazo pactado, dado que la actora dijo haber perdido el contrato y la demandada tampoco lo acompañó.

La Cámara consideró que “Televisión Federal S.A.” cedió derechos de los que no era titular y que involucraban a la creación intelectual del actor.

A tal fin tuvo en cuenta los argumentos del actor, dado que su obra había sido creada en los años 1991/1992 y la cesión se produjo en los años 2007 y 2008, habiéndose superado cualquier plazo razonable.

Aunque el fallo no lo dice expresamente, resulta de esencial aplicación a los presentes el principio general “in dubio pro auctoris”, en virtud del cual cabe concluir que habiendo pasado un plazo más que prudencial, los derechos cedidos volvieron a sus titulares originarios, máxime cuando el demandado no pudo acreditar lo contrario.

[1] Art. 20. – Salvo convenios especiales, los colaboradores en una obra cinematográfica tienen iguales derechos, considerándose tales al autor del argumento, al productor y al director de la película.

Cuando se trate de una obra cinematográfica musical, en que haya colaborado un compositor, éste tiene iguales derechos que el autor del argumento, el productor y el director de la película.

[2] Memelsdorff, Juan Félix, “Contratos en el Mundo de La Producción Audiovisual” en Revista de Derecho de Daños, 2013-2, “Daños a la propiedad intelectual”, Rubinzal Culzoni, pg.420 y sigte.

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